«Los planes de emergencia ante las nuevas vulnerabilidades», por David Rodríguez

«Seguimos trabajando desde nuestras casas. Comparto con todos y todas vosotras una reflexión acerca de lo que estamos viviendo:
¿Estamos realmente preparados para enfrentar las nuevas amenazas globales? ¿Qué podemos hacer para reducir nuestras vulnerabilidades?»

El escenario de la gestión del riesgo y las emergencias ha variado mucho de la situación actual a la que vivíamos hace una década. Muchas de las nuevas amenazas, a corto y medio plazo, a nivel global, están relacionadas con los efectos adversos provocados por el cambio climático.

Pueden presentarse mediante fenómenos naturales extremos, aparición de nuevas enfermedades y epidemias, o por el resurgimiento de otras prácticamente desaparecidas. También se encuentran entre ellas las generadas en relación con la gestión de residuos peligrosos.

En la Comunidad Autónoma de Euskadi, el Plan de Protección Civil de Euskadi – Larrialdiei Aurre Egi­teko Bidea (LABI) – 2015, constituye el instrumento fundamental de ordenación de la gestión de emergencias. Y, según él, son objetivos básicos de los planes de emergencias territoriales forales, entre otros, prever la estructura organizativa y los procedimientos para la intervención en emergencias, prever y catalogar los medios y recursos a su disposición, efectuar análisis de riesgos, prever mecanismos de asignación complementaria de medios y recursos a planes municipales, y establecer mecanismos de integración con el Plan Territorial de Protección Civil de Euskadi.

Por otro lado, mediante el DECRETO LEGISLATIVO 1/2017, de 27 de abril, del Parlamento Vasco se aprobó el texto refundido de la Ley de Gestión de Emergencias. En la exposición de motivos de su proyecto se describe que, dado el tiempo transcurrido desde la última Ley vigente hasta ese momento, la Ley 1/1996, de 3 de abril, existe la necesidad de poner al día algunos aspectos del modelo regulado, como es el refuerzo de la formación de los servicios del Sistema Vasco de Atención de Emergencias y Protección Civil.

Al mismo tiempo, expone que el diagnóstico precedente ha revelado algunas carencias en aspectos tales como la organización de la previsión y alerta, los derechos y deberes de la ciudadanía y las obligaciones de autoprotección.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) detalla que con el cambio climático se ha incrementado significativamente el número de fallecimientos por olas de calor. Otros fenómenos extremos, que pueden provocar desastres naturales, y que pueden ser intensificados como efecto del cambio climático son las lluvias torrenciales, los fuertes vientos, los tornados, deslaves, inundaciones por desbordamientos de ríos o embalses, sequías e incendios. Se espera que, a corto y medio plazo, estos riesgos aumenten para toda la población global.

Por otro lado, también está originando, a nivel global, una destrucción de hábitats, nuevas enfermedades y el resurgimiento de otras prácticamente desaparecidas, provocando una creciente vulnerabilidad frente a las pandemias.

Está claro que existe una influencia tanto del cambio climático, como del proceso de la globalización, en los nuevos desafíos y retos que se deben afrontar con garantías desde nuestras administraciones públicas, a través de los correspondientes planes de emergencia.

Estas alteraciones influyen, por ejemplo, en la potencial expansión de la gripe aviar, una enfermedad que desde 2003 tiene en alerta a los gobiernos de todo el mundo por la posibilidad de que su cepa H5N1, mute y sea capaz de transmitirse entre humanos. O en la expansión de nuevas enfermedades, como la del virus del Zika, cuyo mosquito portador, propio del centro y sur de América, ha aparecido ya en Canadá.

En la actualidad estamos viviendo una epidemia de neumonía por coronavirus —enfermedad denominada oficialmente como COVID-19, la cual empezó en el pasado mes de diciembre en China central, cuando se reportó a un grupo de personas con neumonía de causa desconocida. Los coronavirus circulan principalmente entre animales, pero han evolucionado e infectado a los humanos y, en el actual escenario de un mundo globalizado, tal y como estamos viendo, se está propagando muy rápidamente por todo el planeta.

El pasado 6 de febrero vivimos una tragedia relacionada con la gestión de residuos peligrosos, de la cual hemos ido conociendo mayores detalles, a medida que pasa el tiempo. Como hemos visto en este caso, la gestión de los residuos, de forma selectiva, como respuesta también al aprovechamiento de los mismos y la disminución de emisiones de gases de efectos invernadero, ha abierto un nuevo escenario de riesgos relacionados con el control y seguimiento del estado de los vertederos, así como en el establecimiento de protocolos de funcionamiento adecuados en caso de emergencia por colapso.

Ante esta nueva realidad, en la que sin duda ya hemos entrado, cabe hacerse ciertas preguntas y una reflexión general, ¿estamos realmente preparados para enfrentar las nuevas amenazas globales? ¿Qué podemos hacer para reducir nuestras vulnerabilidades?

David Rodríguez, Procurador de Elkarrekin Araba

Hasta pronto

#quédateencasa

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