VOTAR PARA SALIR DE LA JAULA

Dice mi padre que siempre manda el dinero en este mundo. Y yo le digo que el Botín mandaba pero ahora está muerto, lo cual quiere decir, que estas personas son como nosotros, de carne y hueso. Al final fallecen. No son Dioses ni todopoderosos.

¿Qué nos hace diferentes? ¿Por qué hemos dejado que nos roben la dignidad y los derechos? ¿Por qué premiamos con el voto a quiénes nos castigan con sueldos miserables y empleos precarios? ¿Qué extraño sentimiento hace que la gente siga votando a corruptos?

La respuesta, el miedo. El miedo de los derrotados que se ha instalado en nuestra red neuronal. Ha creado una sinapsis infernal que nos convierte en sometidos y nos damos por vencidos.

Somos los hijos y las hijas de la derrota. Vencieron a nuestros abuelos y abuelas y castigaron a nuestros padres y madres. Hemos mamado esa derrota y nos han dicho que nos estemos quietos, que otros resolverán nuestros problemas. Sin embargo ni les convencieron a ellos ni lo han hecho con nosotros.

Mi padre era un jornalero en los olivares del centro de la Mancha, en Ciudad Real. Allí acudía a la plaza y ofrecía sus manos y su tiempo para servir al terrateniente que elegía a unos y condenaba al hambre a otros. La propiedad de unos por encima del derecho a comer de todos.

Y hoy ya no es la propiedad de los medios de producción la que permite a unos seres humanos dominar a la inmensa mayoría. Actualmente el capital financiero se ha apoderado de la savia de las empresas y las doblega, creando un simulacro de economía inexistente. Cuando el globo de la mentira se hincha, estalla en la cara del más débil. Desde 1825 el capitalismo ha generado crisis cíclicas sin parar en todo el planeta. De la de 1873 no se salió hasta 1896. La de 1929 se resolvió masacrando a millones de seres humanos y lanzando una bomba atómica. Y la actual comenzó en 2007 y no parece que tenga final en 2015.

En este rinconcito del universo, en nuestro planeta, existen 1.500 millones de personas que no tienen acceso al agua, la electricidad ni a la educación básica ni a un sistema de salud digno. Esto es un ataque sistemático a la dignidad, que es permanente en los países empobrecidos y cíclico en los industrializados.

Y en España tenemos eso que llaman cuarto mundo. Ese patio de atrás donde escondemos los trastos viejos y a las personas que el sistema desaloja de su derecho a ser feliz en un hogar y con un empleo con derechos. En nuestro país existen 800.000 pobres y casi 13 millones de personas en riesgo de pobreza, según datos de febrero de 2015 de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español.

Y uno se pregunta, qué es lo que hace que la gente se acomode, se resigne, se quede en “él no sabe/no contesta” o en la abstención, que no utilice este instrumento de poder que es el voto para cambiar. ¿Por qué en el Reino Unido votan lo malo conocido?

En las calles de Vitoria y en las fábricas nos dicen que les demos fuerte, que les echemos y nos lo dicen con una sonrisa. Yo quiero que el 24 de mayo esas sonrisas entren en el Ayuntamiento de Vitoria con SUMANDO-HEMEN GAUDE, la plataforma ciudadana que apoya PODEMOS, y en la Diputación Foral de Álava con PODEMOS.

Es hora de que dejemos de pagar la jaula al domador, parafraseando la letra del grupo “Vetusta Morla”, y abramos la celda en la que nos han metido para que corra el aire. Necesitamos recuperar la democracia. El domingo es el día. La jornada para rescatar a la ciudadanía y demostrar que el poder lo tiene la gente común.

José Carlos Gómez

(46 años, periodista y “biciclitero”, convencido del poder que tenemos)
Nº4 de SUMANDO-HEMEN GAUDE para el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz

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